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AUTOR |
| La Villa de Guareña a finales del siglo XVIII |
Juan Angel Ruiz Rodríguez |
| Hallazgo de una figura zoomorfa de terracota en Guareña (Badajoz) |
Fco. Javier Heras Mora, Alicia Prada Gallardo y Enrique
Cerrillo Cuenca |
LA VILLA DE GUAREÑA
A FINALES DEL SIGLO XVIII
Este
trabajo fue publicado en la Revista de Estudios Extremeños, Diputación
Provincial de Badajoz, nº II Mayo-Agosto, 2000, págs.
544-582.
FUENTES
DOCUMENTALES
Para la elaboración del presente trabajo he contado, fundamentalmente,
con la importante información ofrecida por dos fuentes del Antiguo Régimen: el
Catastro de Ensenada y el Interrogatorio de la Real Audiencia de
Extremadura. La importancia de este
tipo de fuentes ha quedado ya manifiesta en numerosos trabajos, y prueba de ello
son las variadas publicaciones que, basándose en los mismos, se han llevado a
cabo en los últimos años. Además, ambas fuentes, han sido objeto de un modélico
estudio en el que se proponen las tipologías adecuadas para estudiar dichos
documentos a partir de la información que proporcionan las preguntas del
Catastro y del Interrogatorio.[1]
Ambas fuentes han intentado ser complementadas para ofrecer una visión de
conjunto del Antiguo Régimen en Guareña, y nos hemos basado para ello en un
trabajo ya clásico y de obligada referencia para esta época[2] y en otros estudios que han
seguido similar línea metodológica[3]
o diferente[4].
La otra fuente utilizada ha sido el Interrogatorio girado a los pueblos
de la región que realizó la Real Audiencia de Extremadura tras su creación en
1791.
Ante la necesidad que tenía la Real Audiencia de conocer la situación,
sobre todo en materia judicial en la que se encontraba la provincia de
Extremadura, dispuso la realización de un Interrogatorio que se llevaría a cabo
en todos los pueblos de la Provincia.
Como complemento a la información proporcionada por estas dos fuentes
históricas, hemos utilizado diversa documentación, sin catalogar, existente en
el Archivo Municipal de Guareña, sobre todo Reales Órdenes y datos fiscales como
el Encabezamiento de 1794, además de las numerosas publicaciones referidas al
tema del Antiguo Régimen y más concretamente a los aspectos de las estructuras
señoriales, cuyas referencias daremos a lo largo del trabajo tanto en notas a
pie de página como en el apartado de bibliografía. Además, nos ha sido muy útil
la consulta de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada custodiadas en
el Archivo Histórico Provincial de Badajoz, tanto las referidas a Guareña
(microfilm, rollo nº 4), como a otros pueblos pertenecientes al antiguo Condado
de Medellín, en un intento de hacer comparaciones
puntuales.
1. DENOMINACIÓN Y SITUACIÓN
GEOGRÁFICA.
1.1.
DENOMINACIÓN.
Esta villa era conocida en la provincia de Extremadura por el nombre de
Guareña, aunque no siempre aparezca
así en los documentos originales ni en las referencias que hacen algunos
autores, como posteriormente tendremos ocasión de
comprobar.
Sobre el origen del nombre hay algunas hipótesis sin resolver y ya los mismos contemporáneos se preguntaban por el asunto de esta manera:
“... según tradición común, su primera fundación fue en un zerrillo, que
a la partte de poniente distará trescientos pasos de él, y llaman zerro de las
Chozas o Guarías por aberse fabricado en algunos chozos o guarías por los
antiguos para cultivar estas tierras, de donde toma el nombre en lo moderno,
visto lo fértil de estas tierras o campos empezaron a fabricar en dicho zerro
casas y fundar lugar".[5]
Parece ser que el autor se refiere al que hoy también se conoce como
“Cerro de las Chozas, que se encuentra en las afueras de la localidad, a
poniente, en el camino del cementerio.
Otros autores más recientes se refieren a la villa con los términos "Garvería"[6], "Garueña" [7] o "Garuña"[8], aunque
creemos que todos ellos se refieren a la misma localidad. Como bien indica Ángel
Bernal a este respecto, “un Garueña en
tierras de Ávila podría ser el precedente del inexplicado Guareña, metátesis del
topónimo medieval Garueña”[9].
En la actualidad contamos con un río denominado Guareña en la provincia de Zamora,
afluente del Duero por su margen izquierda, que desemboca cerca de Toro. Sea
como fuere, el topónimo Guareña se
mantiene inexplicado, aunque como apunta el profesor Bernal, “el recurso a la sinonimia se ha revelado
como un instrumento eficaz en determinados casos a la hora de buscar un
precedente [...] que los pobladores
cristianos procedieron en su mayoría de la mitad norte de la península, y que
ocasionalmente dejaron la huella toponímica en el gentilicio de sus lugares de
procedencia”.[10]
Por lo que podemos pensar que los primeros pobladores de Guareña procedieran
de esas tierras castellanas, hecho bastante probable.
La villa de Guareña pertenecía al Condado de Medellín, que encabezaba
además, las villas de Don Benito, Mengabril, Miajadas, Valdetorres, Villar y los
lugares de Cristina, Manchita y Rena, constituyendo una Comunidad de 7 villas y
3 aldeas, pertenecientes todas ellas al Partido Judicial de Trujillo, que
constituía uno de los ocho Partidos Judiciales que formaban la Provincia de
Extremadura: Badajoz, Mérida, Llerena, La Serena, Cáceres, Trujillo, Alcántara y
Plasencia.
1.2.
SITUACIÓN GEOGRÁFICA.
Situada a trece leguas de las ciudades de Cáceres y de Trujillo, poseía Guareña uno de los términos más extensos del Condado de Medellín, pues parece ser que entre Don Benito, Miajadas y Guareña habían conseguido tomar en propiedad la práctica totalidad de las tierras del Condado, justo en el momento en que deslindaron sus respectivos términos a partir de la declaración de villa eximida que estas tres localidades, junto con el Villar, consiguieron en el primer tercio del siglo XVIII.
De características físicas homogéneas, se caracteriza por un relieve donde predominan las superficies llanas, no apreciándose alturas de consideración en el mismo. La zona norte corresponde a una gran llanura y es por donde discurre el río Guadiana y algunos cursos que a él afluyen como los ríos Guadamez y Búrdalo.
Su delimitación geográfica era la siguiente: levante, con los términos de las villas de Medellín que distaba tres leguas y de Mengabril; poniente: con el de la villa de la Oliva, que distaba una legua y con el de Villagonzalo, pertenecientes ambos a la Orden de Alcántara; sur: con el lugar de Cristina que distaba un cuarto de legua; norte: con los términos de las villas de Valverde y Mérida, según el Catastro, y con los de Arroyomolinos y Almoharín según el Interrogatorio.
Todo su término, que era de
unas 60.000 fanegas[11] , estaba comprendido, pues,
en el territorio de la Real Audiencia de Extremadura, con sede en Cáceres.
Mientras que en el aspecto religioso, se encuadraba en la Diócesis de Plasencia,
constituyendo uno de los lugares más meridionales de la Diócesis placentina,
junto con Manchita y Cristina, cuyas parroquias eran anejas de la Iglesia de
Guareña.
2. TIPO DE JURISDICCIÓN Y ORGANIZACIÓN
ADMINISTRATIVA.
Guareña fue una villa que estuvo sujeta a la jurisdicción del Condado de
Medellín durante gran parte de la Edad Moderna. Antes de crearse el Condado,
pertenecía a la Comunidad de Villa y Tierra que se formó en torno a la villa de
Medellín, a partir de la conquista de este territorio a los musulmanes en 1234,
y que constituía una de las 42 Comunidades de Villa y Tierra de la denominada
Extremadura Castellana en el siglo XIII.[12]
Esta Comunidad tenía una extensión de 101.422 has. y la formaban las siguientes aldeas:
Cristina, Don Benito, Guareña, Manchita, Mengabril, Miajadas, Rena, Valdetorres
y Villar, así como la aldea que años después quedó despoblada y se conocía con
el nombre de Don Llorente, en las proximidades del río
Guadiana.
El Condado de Medellín fue donado por Juan II a Pedro Ponce de León,
señor de Marchena, en 1431. El título pasó más tarde a Juan Pacheco, Marqués de
Villena, hasta que en 1449 pasa a la familia Portocarrero, concretamente a
Rodrigo Portocarrero que se casó en 1454 con Beatriz Pacheco, hija bastarda del
Marqués de Villena y contraria a los intereses de los Reyes Católicos en la
guerra de sucesión a la Corona, protagonizando acciones de rebeldía y de apoyo
al monarca portugués.
Rodrigo y Beatriz establecieron el mayorazgo en 1462 en beneficio de su
hijo Juan Portocarrero que tuvo que sufrir la ambición de su madre puesto que
una vez muerto Rodrigo (1463), fue la Condesa quien se hizo cargo del señorío y
encerró a su hijo durante cinco años en una de las torres del Castillo. A partir
de ahí comenzaron una serie de pleitos entre madre e hijo por la tenencia del
señorío que se saldaron con el reconocimiento del mismo a Juan
Portocarrero.
Después de muchos avatares y disputas, llegamos al siglo XVIII en que
dicho Condado pasará, por matrimonio de la Duquesa de Santisteban a la Casa de
Medinaceli. [13]
El Duque de Santisteban y Medinaceli no tenía en Guareña ninguna
propiedad territorial y se trataba de un señorío jurisdiccional en el que el
Duque ejercía la jurisdicción sobre 11 pueblos, tenía ciertas regalías
concedidas por la Corona, percibía rentas (alcabalas, diezmos, penas de cámara,
etc.) pero no disfrutaba de bienes
raíces.
Este tipo de señorío jurisdiccional, según apunta Rodríguez Sánchez,
predominaba en la provincia de Extremadura sobre los señoríos territoriales y
ambos sumaban el 39% del total extremeño, quedando un 37% para la jurisdicción
dependiente de Órdenes y un 24% de Realengo.[14]
El origen de estos señoríos no es fácil de determinar y ya los mismos
contemporáneos así lo ponían de manifiesto: "... no se sabe si este señorío con las
utilidades dichas, se concedió por virtud de compra o privilegio particular de
su Magestad".[15]
No obstante, en otras ocasiones nos dan alguna idea de por qué motivos
pudo concederse el señorío: "...recibió
de su Majestad uno de los primeros condes de la casa por haberles servido con
cien mil ducados de plata"[16]
Pensamos que, como en otros casos, pudiera tratarse de una donación real
con motivo de haber recibido ayuda económica en alguno de los momentos en que la
Corona se encontraba con una necesidad acuciante de liquidez, que por lo demás
eran bastante frecuentes en toda la Edad Moderna.
Según afirma el profesor Del Pino García[17], “Rodrigo Portocarrero, primer Conde de
Medellín, fue recibiendo del Rey una serie de oficios y bienes de manera
escalonada: cargo de alguacil, quinto de las alcabalas y tercias, alcalde mayor
vitalicio, etc. hasta que se le entregó Medellín en calidad de
señorío”.
Sea como fuere, lo cierto es que en el tiempo que nos ocupa, el siglo
XVIII, el Duque de Santisteban por el hecho de ejercer la jurisdicción va a
percibir una serie de rentas, que por lo tocante a la villa de Guareña serán las
siguientes:
* Derecho de Alcabala del
vecindario, que estaba encabezado anualmente en 8.850 reales a mitad de siglo y
en 9.500 reales en 1794. Estas Alcabalas eran "el derecho que se cobraba sobre el valor de
todas las cosas, muebles, inmuebles y semovientes, que se venden o
permutan"[18].
La Alcabala era un impuesto que había sido recaudado por la Corona
durante todo el siglo XV y será a partir del reinado de Carlos V, en 1525,
cuando cada pueblo pagará una cantidad fija llamada Encabezamiento. Parece ser
que Felipe II cedió este derecho al Duque de Santisteban en 1561, según apunta
Melón Jiménez[19], “por haber servido a SM con un quento,
388.523 reales y 33 maravedís”. Sin embargo, otros autores opinan que el
Conde de Medellín, Juan Portocarrero, usurpó las alcabalas de Medellín y su
tierra a la Corona en una fecha imprecisa.[20]
* Tercias Reales: era este un
impuesto que correspondía tradicionalmente a los Reyes pero que con bastante
frecuencia se encontrará enajenado en manos de la nobleza. En Guareña, el Duque
cobraba 1/3 del Diezmo de cuanto se criaba y recogía en los términos de Guareña,
Cristina y Manchita, que contribuían a su pago conjuntamente, cuyo monto total
se repartía de la siguiente manera, a razón de 1/3 diezmos de cada una de las
tres Cillas existentes: Cilla de
Tres Iglesias: 61, 4 fanegas de trigo; 14,8 de cebada y 2,3 de habas; Cilla de
Campana: 270,9 fanegas de trigo; 36,10 de cebada y 0,18 celemines de habas;
Cilla de Stª Mª del Castillo: 1,2 fanegas de trigo y 1,10 fanegas de habas. En
total, las Tercias Reales que percibía el
Duque de Santisteban ascendían a: 332, 3 fanegas de trigo; 52, 6 fanegas de cebada; 3, 9 fanegas de
habas; 2 arrobas y 6 libras de queso de oveja; 12 libras de queso de
cabra.
A final de siglo, y según el Encabezamiento de 1794 correspondiente a
Guareña, pagaba la villa en concepto de Tercias Reales la suma de 36.283
reales.
* Penas de Cámara: es decir, todas las multas
que se pusieran iban a parar a sus arcas, así
como las ganancias en causas ejecutivas que se trataban en el juzgado de la
localidad. A final de siglo, unos años con otros ascendía a 130 reales. De estos
ingresos, una parte correspondía al monarca por los gastos de
justicia.
* Herbaje: eran los derechos de venta
de los aprovechamientos de las dehesas del término y sus agostaderos (hierbas de
verano), excepto las que aprovechaban sus dueños con ganado propio o las que
arrendaban los eclesiásticos –que no pagaban el impuesto-, que ascendía en torno
a los 8.000 reales al año, siendo el derecho de herbaje del
10%.
* Martiniega: se trataba de
un reconocimiento del señorío y tenía un origen muy antiguo. Ascendía a la
cantidad anual de 200 reales de vellón que tenían que pagar los vecinos de la
localidad en el día de San Martín, en marzo.
Conservaba también el Duque las Regalías de nombrar en Guareña, alguacil
mayor, escribano, procuradores de causas, promotor fiscal de la real justicia,
padre general de menores y ministros ordinarios.
En Guareña existían mitad de oficios, por lo que había dos alcaldes
ordinarios, uno por el estado noble y otro por el estado pechero cuya creación
era a voto a mediados de siglo mientras que al final del mismo se realizará
mediante insaculación, es decir, metiendo unas bolas en una bolsita y sacando a
suertes, lo cual evitaba la manipulación y el favoritismo que se producía
anteriormente.
La villa de Guareña estuvo sujeta a la jurisdicción de Medellín como
lugar pedáneo hasta el año 1734 en
que se le concede el título de Villa
Eximida con jurisdicción propia, al mismo tiempo que a Miajadas y el Villar,
lográndolo un año después la villa de Don Benito. A partir de conseguir el
título de villazgo, el Duque solamente tenía facultad para nombrar un Alcalde
Mayor en Medellín con jurisdicción preventiva con las demás villas eximidas del
Condado.
Por lo demás, durante todo el siglo XVIII, los diversos cargos no
experimentarán cambios significativos: dos alcaldes ordinarios, cuatro regidores
-dos por cada estado-, dos escribanos numerarios, dos abogados, dos
procuradores, etc.
La Justicia parece ser que estaba en esta villa en buenas condiciones y,
prueba de ello, es la escasez de asuntos pendientes que había en el momento de
realizarse el Interrogatorio. Había en la localidad cuatro dependientes de la
Inquisición de Llerena que gozaban de un fuero. Son los llamados "familiares" que se encontraban
repartidos por toda la región y cuya función radicaba en denunciar y arrestar a
las personas que debían ser juzgadas por el Santo Oficio.
3. JURISDICCIÓN
ECLESIÁSTICA.
Esta localidad y todo su término dependían en lo eclesiástico de la Diócesis de Plasencia y de la Vicaría
de Medellín. En ella no había curia eclesiástica en 1791, ni catedral, pero sí
una Iglesia con una dotación y emolumentos consistentes en 270 fanegas de tierra
de labor y 1/9 de la causa común decimal que, según afirmaban en el
Interrogatorio, calculado este producto por un quinquenio, ascendía anualmente a
18.624 reales, que al deducir gastos, quedaba anualmente cuatro o cinco mil
reales aproximadamente.
Tomás López en 1786 recogía respecto a la Iglesia parroquial que: "... lo más especial de este pueblo y de
toda la provinzia es su yglesia parrochial, de la que es patrona Nuestra Señora
de la Absumpzión [...] con el motivo de aver reedificado una de sus bóvedas que
se arruinó avrá diez años...[21]
Según se desprende del informe del Párroco D. José Nicolás de Zárate,
1786, la Iglesia fue construida entre finales del siglo XVI y principios del
XVII. Lo que sí sabemos es que, debido a la pertenencia de Guareña a la Diócesis
de Plasencia, se favoreció el que trabajase en la dirección de las obras el
arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón a partir de 1559, continuando la labor
iniciada en 1557 por el arquitecto Sancho Cabrera. Es esta una construcción
renacentista con reminiscencias góticas.
La Iglesia Parroquial de Ntra. Señora de la Asunción tiene unas grandes
dimensiones, con una planta exterior de 74X35 m y casi 25 m de altura, realizada
en mampostería de cal y piedra, y sillares de cantería. En el pie de la Iglesia
se levanta una torre de forma cuadrada que está dividida en cinco cuerpos y
dispone de tres portadas. En su interior, una sola nave con cuatro tramos y
capillas laterales entre estribos, con bóvedas de crucería con nervaduras y
ábside semicircular y coro, como apunta A. de la Banda y Vargas.[22]
El cura de Guareña era el mismo que asistía a los lugares de Cristina y
Manchita, sus anejos, y el curato se proveía por oposición leída en la ciudad de
Plasencia en los meses ordinarios, mientras que en los meses reservados será la
Corona quien nombre al párroco.
Un aspecto que llama la atención es la ausencia de cementerio en la
localidad, a pesar de tener un elevado número de vecinos, siendo muy perjudicial
su falta según se desprende de los informes emitidos por el cura y por el
Ayuntamiento. Parece ser que la idea era construir uno contiguo a la Iglesia por
la parte norte, pues allí había la suficiente ventilación. De todas formas, “en la Iglesia aún había suficiente
sitio”, pero ante el aumento de población que estaba experimentando el
pueblo era aconsejable su construcción.
Existían a finales de siglo once cofradías en esta Iglesia y cada una
constaba de siete oficiales o cofrades que manejaban y administraban sus rentas
y limosnas. Todas ellas celebraban la festividad de sus respectivos patronos con
misa, procesión y sermón, y por los hermanos que fallecían se celebraban dos
misas rezadas por cada uno; y en general, por todos los difuntos, algunas misas
cantadas con su vigilia.
Las rentas de estas cofradías eran más bien escasas ya que en la mayoría
de los casos no tenían para sus necesidades, con lo que era frecuente que
tuvieran que recurrir a pedir limosnas por el pueblo. Sólo la cofradía de los
Santos Mártires disponía de suficiente liquidez por tener de renta anual,
calculada por quinquenio, deducido el gasto, 600 reales.
Había en Guareña un convento, con el nombre de “Recogidas”, que se componía de seis
mujeres sin clausura que se mantenían de su trabajo personal y del rendimiento
de dos fanegas de tierra de labor y un trozo con 30 olivos. Este convento no
pagaba dote alguna y no realizaba funciones de enseñanza ni similar. Su
fundación se dice que la hizo el Obispo de Plasencia por el año
1736.
Había cuatro ermitas en las que se celebraba el día del santo ermitaño de
cada una, con una misa cantada y procesión, a expensas de las limosnas de los
fieles, excepto la anteriormente citada de los Santos Mártires que realizaba su
festividad a costa de sus rentas. En ellas no residía ermitaño alguno y se
hallaban al cuidado los cofrades. Estas ermitas eran las de los Santos Mártires,
San Roque, San Ginés y San Gregorio. Su localización, según Tomás López, era
así: "...hai también la ermita de San
Gregorio dentro del pueblo y fuera de él, a distancia de treszientos pasos poco
más o menos, hai otras tres ermitas, la una a la parte del mediodía y es la de
San Fabián y San Sevastián, a el levante la de San Roque y la terzera a la parte
de norte y es la de San Jinés..."
El pago del diezmo se realizaba por los pueblos de Guareña, Cristina y
Manchita, indistintamente. Había tres cillas: Campana, Tres Iglesias y Santa
María del Castillo, a las que concurrían dichos pueblos, sabiendo el labrador de
antemano a cual de ellas tocaba el diezmo de cada tierra. Se daba el caso de que
en una misma hoja, unos tocaban a Campana, otros a Tres Iglesias y otros a Sta.
Mª del Castillo, por cuyo motivo no podemos conocer lo que diezmaba cada pueblo
de los tres.
El rendimiento del diezmo era partible entre el señor Obispo de Plasencia
y su cabildo, cura de la parroquia de Guareña, Santa Iglesia de Plasencia, el
Conde de Medellín, la Iglesia parroquial de Guareña y la de
Cristina.
De todas las cosechas que se producían en el término sólo estaban exentas
del pago del diezmo las de aceite y melones, aunque a finales de siglo había
puesto un pleito entre el Obispo de Plasencia y los vecinos de Guareña en el que
aquél exigía el pago del diezmo de la cosecha de aceite. A continuación podemos observar los diezmos pagados
por los vecinos labradores de Guareña, Cristina y Manchita de 1786 a 1790, según
las tazmías, con distinción de especies, cantidades y años de su
producción:
|
AÑOS |
TRIGO |
CEBADA |
CENTENO |
AVENA |
HABAS |
GARBANZOS |
|
1786 |
1.334,9 |
140,7 |
- |
59,2 |
204,1 |
- |
|
1787 |
1.691,6 |
264,9 |
- |
139,2 |
122,4 |
- |
|
1788 |
2.608,3 |
490,4 |
- |
214,7 |
209,1 |
- |
|
1789 |
1.774,0 |
354,8 |
- |
121,1 |
118,1 |
52,3 |
|
1790 |
3.612,9 |
840,1 |
5,0 |
339,8 |
422,9 |
72,6 |
|
SUMA |
11.021,9 |
2.096,8 |
5,0 |
869,9 |
1076,0 |
124,9 |
Fuente: Certificado de
tazmías decimales. Catastro de Ensenada.
4.
POBLACIÓN Y
SOCIEDAD.
4.1.
ASPECTOS DEMOGRÁFICOS.
En el Antiguo Régimen para cuantificar la población se consideraba a los
contribuyentes como “vecinos” y "hogares" y no como habitantes, teniendo
que buscarse un coeficiente multiplicador para pasar el número de vecinos al
número de habitantes.
La mayoría de los historiadores especialistas en demografía están de
acuerdo en utilizar para el siglo XVIII un coeficiente entre el 4 y el 5.
Concretamente, y para la fecha que nos ocupa, mitad de siglo, la mayoría adoptan
el coeficiente 4,3 -el mismo que vamos a utilizar nosotros en nuestro análisis
demográfico-.[23]
Tradicionalmente se afirma que a lo largo del siglo XVIII la población
española y extremeña va a conocer un período de recuperación tras los dos siglos
anteriores de estancamiento demográfico. En Guareña se aprecia un estancamiento
demográfico durante gran parte del siglo XVIII, e incluso, hay autores que le atribuyen un descenso
de población en torno al -3,3%
entre 1759 y 1813.[24]
En 1751 contaba la villa con 635 vecinos según nos informa el Catastro,
que aplicando el coeficiente 4,3 nos da un total de 2.730 habitantes; ya en 1791
serán 643 los vecinos de Guareña
(2.765 habitantes), mientras que Tomás López en 1786 nos habla de 640 vecinos de
"todas clases" (2.752).
Por su parte, Antonio Ponz nos indica que Guareña tenía en 1784 un total
de 900 vecinos, algo que nos parece a todas luces exagerado, mientras que el Censo de Floridablanca[25]
de 1787 arroja una cifra de 2.532 habitantes para la localidad, repartidos del
siguiente modo:
Cuadro
2
Población de Guareña por edad, sexo y estado civil en
1787
|
|
SOLTEROS |
CASADOS |
VIUDOS | ||||||||
|
Edad |
Total |
H |
M |
Total |
H |
M |
Total |
H |
M | ||
|
< 7
años |
512 |
254 |
258 |
|
|
|
|
|
| ||
|
7-16 |
478 |
255 |
223 |
|
|
|
|
|
| ||
|
16-25 |
290 |
146 |
144 |
59 |
27 |
32 |
|
|
| ||
|
25-40 |
56 |
28 |
28 |
478 |
238 |
240 |
34 |
24 |
10 | ||
|
40-50 |
23 |
9 |
14 |
238 |
114 |
124 |
43 |
14 |
29 | ||
|
+ 50
años |
28 |
14 |
14 |
205 |
111 |
94 |
80 |
42 |
38 | ||
|
TOTAL |
1387 |
706 |
681 |
980 |
490 |
490 |
157 |
80 |
77 | ||
Fuente: Censo de Floridablanca,
1787.
A continuación podemos comparar la población existente en Guareña con la de las otras villas y aldeas pertenecientes al Condado de Medellín, a finales del siglo XVIII, apreciando que ocupaba el tercer lugar en cuanto a número de vecinos, por detrás de Don Benito y Miajadas, pero muy por encima del propio Medellín.
Cuadro
3
Población del Condado de
Medellín en 1791
LOCALIDAD |
TIPO |
VECINOS |
|
Cristina |
Lugar |
38 |
|
Don
Benito |
Villa |
2.035 |
|
GUAREÑA |
Villa |
643 |
|
Manchita |
Lugar |
38 |
|
Medellín |
Villa |
384 |
|
Miajadas |
Villa |
700 |
|
Rena |
Lugar |
24 |
|
Valdetorres |
Villa |
100 |
|
Villar |
Villa |
36 |
Fuente: Interrogatorios de la Real Audiencia.
4.2.
SOCIEDAD
La sociedad que vemos en Guareña a finales del siglo XVIII es fiel reflejo del tipo de estructura social existente en toda la región extremeña. Por un lado, podemos hablar de una sociedad dividida en estamentos donde el privilegio constituía la norma fundamental. La Nobleza -alta, media o baja- junto con el Clero disfrutaban de una serie de privilegios que repercutían directamente en forma de obligaciones para el resto de la población. Las desigualdades sociales van a ponerse de manifiesto desde el momento en que analizamos un pueblo como Guareña, en el que la propiedad de la tierra, eje fundamental de la economía, va a estar concentrada en unas pocas manos, sobre todo de familias nobles con título, por lo que la excesiva concentración de la propiedad de la tierra se va a convertir en un problema social de primer orden.
A mediados del siglo XVIII vivían en Guareña 19 vecinos nobles y los demás pertenecían al estado llano. Estos nobles locales no pueden competir en riquezas con la alta nobleza absentista que acapara gran parte del término, pero en muchos casos van a ser los beneficiarios de sus arrendamientos. También tendremos ocasión de comprobar que algunos de estos nobles locales poseen una abundante riqueza agropecuaria que les convierten en la auténtica oligarquía local que en muchos casos detentará los principales cargos del Ayuntamiento. También se da el caso de personajes nobles que realmente no tienen bienes de ningún tipo, pero mantienen sus privilegios sociales y económicos sobre el resto de la población.
La nobleza local, como hemos indicado, no va a tener grandes propiedades agropecuarias y se reducen a numerosas “suertes” dispersas por el extenso término municipal, aunque suelen ser aquellas tierras más productivas, como cercados, huertas, etc. Entre estos nobles locales destacan, por el volumen de sus propiedades, los siguientes: Alonso Malfeito:139, 5 fanegas de tierra; Vicente Cortés: 282,5 fanegas; Pedro Campos de Orellana: 215 fanegas.
Por otro lado, el estamento eclesiástico no va a ser muy abundante en la localidad y tampoco sus propiedades, de manera que la vida del cura se aproximaba bastante a la que llevaban sus feligreses. A mediados de siglo, eran un total de 24 eclesiásticos los que residían en el pueblo, mientras que a finales del mismo ya no habrá más que el cura párroco, que además se encargaba de las parroquias anejas de Cristina y Manchita.
El estado llano estará integrado por el resto de la población que no disfrutaba de ningún tipo de privilegio. Dentro de este grupo tan heterogéneo habrá grandes diferencias en cuanto a la posesión de riquezas, aunque les une el hecho de no disponer de suficientes medios para poder subsistir con dignidad. Veamos cómo se distribuían las distintas profesiones en Guareña a mediados de siglo, según el Catastro de Ensenada:
Cuadro
4
Cuadro profesional de Guareña en 1751
|
PROFESIÓN |
Nº |
PROFESIÓN |
Nº |
PROFESIÓN |
Nº |
|
Tendero |
2 |
Lencero |
1 |
Jornalero |
232 |
|
Médico |
1 |
Boticario |
2 |
Sastre |
9 |
|
Escribano |
2 |
Harriero |
8 |
Cardador |
7 |
|
Barbero |
7 |
Recobero |
2 |
Ganadero |
56 |
|
Tabernero |
2 |
Admón.
Tabaco |
1 |
Labrador |
152 |
|
Capellán |
1 |
Abogado |
1 |
Zapatero |
8 |
|
Maestro |
1 |
Sacristán |
2 |
Carpintero |
4 |
|
Alarifes |
4 |
Herrador |
2 |
Albardero |
2 |
Fuente: Catastro de Ensenada.
Como se puede apreciar en el cuadro anterior, la actividad profesional predominante en Guareña era la de jornalero, seguida de labrador y ganadero. Es, por tanto, el sector primario la base y el sustento de la mayoría de la población, con lo que la estructura de la propiedad de la tierra se convierte así en un elemento de primer orden a la hora de estudiar la sociedad, como ya hemos apuntado anteriormente.
Por otra parte, no todos los labradores son propietarios de las tierras que trabajan, sino que en muchos casos se trataba de arrendatarios que cultivaban los predios de la nobleza foránea, como luego tendremos ocasión de comprobar, pues si por algo se caracteriza el término de Guareña es por el elevado número de fanegas adehesadas dedicadas a pasto que los ganaderos trashumantes van a disfrutar año tras año.
Gráfico 1
Distribución de la población activa en Guareña, 1751.
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del
Catastro.
4.3
ASPECTOS SANITARIOS Y ASISTENCIALES.
En la documentación utilizada no aparecen quejas generales en cuanto a la sanidad local, aunque sí algunas necesidades primordiales a las que se intentaba buscar algunas soluciones, no siempre fáciles de remediar, especialmente todas aquellas que requerían una inversión económica importante, dada la escasez de las arcas municipales.
Había en la localidad un médico, cuyo salario se pagaba de los rendimientos de las tierras de Propios; dos boticarios, que no tenían salario alguno, y no había cirujano, cuya necesidad era constante según se desprende del informe de 1791. La ausencia de cirujano se debía, principalmente, a la falta de arbitrios municipales para pagar su salario. Esta falta de arbitrios municipales será una constante a lo largo de todo el siglo y supondrá un lastre en la economía local por cuanto no se podrán poner en marcha algunos proyectos necesarios para la población.
Había un hospital situado en lo que hoy se conoce como “Plaza Vieja”, llamado de las “Cinco Llagas”, cuyo patrón era el señor Obispo de la Diócesis de Plasencia. Sus rentas, que ascendían a finales de siglo a 3.600 reales, estaban destinadas en su totalidad a la curación de pobres de solemnidad, lo cual nos indica la existencia de un grupo social que no dispone de los medios mínimos de subsistencia. Por otra parte, decir que no existían hospicios, casas de misericordia ni junta de caridad, algo característico en otras poblaciones de Extremadura durante el Antiguo Régimen.
Como parte integrante de la sanidad, hay que recordar la ausencia de
cementerio en el pueblo. Este hecho será muy mencionado en los distintos
informes del Interrogatorio, más por higiene y aseo de la Iglesia que por
escasez de espacio en la misma. Del mismo modo, la Real Célula de S.M. de 3 de
abril de 1787 ordenaba la construcción de cementerios ventilados en los
distintos pueblos, algo que las autoridades locales no tuvieron muy en
cuenta.
Otro factor de la situación sanitaria y asistencial de Guareña era la ausencia de fuentes para el abastecimiento de agua del pueblo y para abrevaderos de caballerías y ganado doméstico.
El problema era muy importante y se acentuaba al llegar el verano, cuando
al secarse los “charcos” de agua y
las dos lagunas cercanas a la localidad, las mujeres se veían en la necesidad de
ir a lavar la ropa a casi una legua de distancia en compañía de maridos o hijos.
Veamos cómo se refería al problema de la falta de agua el párroco de
Guareña: "...de cuia falta son gravisimos los
perjuicios que se experimentarn en sus individuos y grangerías; pues como hay un
sólo pozo de agua medio dulce y medio salobre a donde concurre un pueblo tan
crecido, se originan varios desórdenes, dejando aparte las inmundicias que
introduce él, y por lo mismo aunque
en el inbierno estos vezinos pueden labar su ropa en los charcos, y dos lagunas
inmediattas al pueblo, secándose estas en el berano, como sucede, se ben
precisados hir a labar una legua de este pueblo acompañadas de sus maridos o
hijos, que estos pierden el jornal del dia; y el pobre que no tiene caballería
¿qué diremos de este?.[26]
La falta de una fuente de agua era también un perjuicio para el ganado,
ya que para darles de beber se necesitaba sacarla "a brazo y caldero" de algunos pozos de
agua salobre existentes en la localidad.
Al mismo tiempo, se toma conciencia de la importancia del agua para la
higiene personal y como medio indispensable de combatir las epidemias, fenómeno
bastante frecuente en ésta época. A
este respecto se preguntaba el cura " y
si entra una epidemia en éste pueblo, que la limpieza es quien la sujeta, ¿qué
haremos?".
Por otra parte, durante el verano había necesidad de traer agua desde el
cercano lugar de Cristina que tenía abundancia de este mineral y un corto número
de vecinos. Así se pone de manifiesto en el Interrogatorio llevado a cabo en
dicha localidad: "... hay una fuente
inmedianta al pueblo, bastante copiosa, de agua delgada y dulze; inmediata a
ella hay otra de agua no tan dulze, que entre las dos surten a este pueblo y
casi a todo Guareña en el verano de agua para beber, lavar, curar telas...".
[27]
En este estado de cosas, la solución pasaba por la necesidad de construir
un pilar para surtir de agua a los vecinos y el sobrante para el ganado. El
problema principal, el de dónde traer el agua, estaba resuelto desde que se
descubrió un manantial en las cercanías del pueblo. Pero otro problema se
planteaba al no disponer de suficientes caudales la villa para llevar a cabo el
proyecto.
La idea entonces propuesta por algunas personas fue la de rebajar en dos
o tres mil fanegas el fondo del pósito y con el dinero sacado de su venta
invertirlo en la construcción de dicho pilar. Este proyecto se intentó llevar a
cabo en 1782 y, aunque por el pueblo fue bien recibido, hubo serias
discrepancias y discusiones por parte de los capitulares del Ayuntamiento y el
proyecto no llegó a realizarse, con el lógico perjuicio para el vecindario. El
mismo encargado de realizar el Interrogatorio en Guareña, D. Pedro Bernardo de
Sanchoyerto nos dice en su informe, referente a este tema "... que haze mucha falta y así lo he
inspeccionado ocularmente".
4.4
URBANISMO Y COMUNICACIONES
A mediados del siglo XVIII, Guareña poseía 518 casas habitables, casi todas ellas bajas y pequeñas, destacando un escaso número de casas señoriales que se distribuían por la plaza del Ayuntamiento y que en algunos casos incluían blasones en sus fachadas.
En la arquitectura civil, el edificio más notable del pueblo era, sin lugar a dudas, la casa del Ayuntamiento, en la que se incluía la cárcel y el archivo público. Este edificio estaba reedificado en el momento del Interrogatorio y afirman que ofrecía unas óptimas condiciones para la realización de los oficios de Junta y Gobierno de la villa.
Es el Ayuntamiento un edificio de fachada de estilo clasicista realizado
en sillería de granito. Constaba de dos cuerpos, en el inferior se abrían tres
arcos, flanqueados por pilastras de orden toscano y en el interior destacaban
las tres naves con bóveda de arista en la parte baja y cubiertas de madera en la
alta. La obra es del siglo XVIII y ha sido calificada por algunos autores como
de estilo Neoclásico.[28]
Las calles se encontraban en buenas condiciones aunque era necesario acometer el empedrado de algunas de ellas, lo que no se podía realizar por falta de arbitrios municipales, pues el poco existente se gastó en la remodelación de la casa del Ayuntamiento. Es de destacar que las calles en torno a la Iglesia se encuentran en una pequeña pendiente y cuyo trazado viario es tortuoso y con frecuencia de una anchura mediana o pequeña, localizándose en sus alrededores las casas del pueblo llano. Las viviendas ubicadas en las cercanías de la plaza del Ayuntamiento muestran, por el contrario, el carácter señorial en muchas de sus fachadas, con unas grandes dimensiones.
5.
ECONOMÍA.
5.1.
RECURSOS NATURALES.
En este apartado vamos a analizar el aprovechamiento que disfrutaba el pueblo de ciertos recursos naturales, independientemente de los recursos agrícolas y ganaderos, que serán objeto de estudio posteriormente. Son estos recursos naturales un complemento muy importante en la dieta de los habitantes de Guareña, pues en ocasiones, serán el único medio de supervivencia para una parte importante de la población. De entre los recursos naturales disponibles en el término, destacamos los siguientes:
* Pesca: en éste término hay tres ríos, llamados Guadiana, Guadamez y Búrdalo en los que se criaban carpas, picones, bordallos, bogas y algunas tencas y anguilas. Estos recursos pertenecían, como los ríos, al Común de los pueblos del Condado y se debían guardar las oportunas Reales Órdenes de veda en su debido tiempo.
Estas aguas eran aprovechadas sólo por los ganados, ya que no se podían abrir acequias o canales para el riego, consecuencia, sobre todo, de la escasa cantidad de agua que llevaban en verano.
* Caza: la caza en el término era muy variada y abundante. Se podía practicar la caza de perdices, conejos y liebres, fundamentalmente. También solían aparecer algunos ciervos que venían de las inmediaciones a comer en las rozas que se encontraban sembradas. En general, se solía guardar el tiempo de veda al igual que en la pesca.
Se realizaban de vez en cuando algunas batidas, dos o tres veces al año, por disposiciones de la Justicia para exterminar y espantar animales dañinos como lobos y zorros. Durante todo el año se premiaban, con arreglo a las Reales Órdenes, las piezas que se mataban. El premio variaba según el animal de que se tratase: por cada lobo: 4 ducados; por cada loba: 8 ducados; loba con camada:11 ducados; por cada lobezno: 2 ducados; zorro adulto: 10 reales; zorro joven: 4 reales.
* Minerales y canteras: en este término no se conocía la existencia de minerales de especie alguna, ni cantera de mármol, jaspe, cal, yeso, ni de otra clase.
* Montes: no existían montes poblados de arbustos ni otra clase de
árboles. El terreno baldío se asegura "no
produce más que jaras, charnecas, brezos y romero, que se utilizan para quemar,
abrigo y conservación del común". Estos montes comunes eran de beneficio
conjunto para todos los pueblos del Condado y debían guardar las
reglamentaciones sobre corte y tala de árboles. En ciertas ocasiones se
autorizaban la realización de cortes en los montes comunes a los pueblos del
Condado, atendiendo al número de vecinos de cada uno y por un período que solía
ser entre el 15 de diciembre y el 15 de febrero.
Tampoco hay constancia de que existieran hierbas medicinales y otras que sirviesen para la fabricación de jabón, tintes o productos similares.
5.2
DERECHOS FISCALES Y RECURSOS MUNICIPALES.
Los fondos públicos de la villa eran, a todas luces, muy escasos y son frecuentes las quejas del vecindario por cuanto el Ayuntamiento no puede acometer ciertas tareas imprescindibles, como hemos tenido ocasión de comprobar en lo referente al problema del agua, ausencia de cirujano o el arreglo de algunas calles.
* Abastos: había abastos públicos de vino, aceite, carnicería, jabón y aguardiente que se arrendaban en pública subasta en distintos precios. En 1751 se calculaba en 5.000 reales anuales los beneficios que se obtenían de dichos arriendos y que se destinaban al pago de Millones (impuesto sobre el consumo) y Sisas, excepto el beneficio obtenido por el del jabón, cuyo rendimiento se aplicaba al pago del derecho de Cuarto en Libra, por el que se pagaba anualmente, por las mismas fechas, 1.630 reales a su recaudador, vecino de Trujillo. Por su parte, el vino y el aguardiente tenían de utilidad 1.500 reales.
No hay constancia de la existencia de ferias ni mercados en la villa y
tampoco eran muy necesarios por haberlos en pueblos cercanos, como Medellín[29].
En el pueblo sí se vendían algunos productos por vendedores de otras
localidades, los cuales debían pagar el impuesto denominado Alcabala del
Viento.
* Pósitos: existía un establecimiento de éste tipo, cuyo fondo
ascendía a finales de siglo, a 9.000 fanegas de trigo. Estos pósitos se crearon
con el fin de mitigar los efectos de las periódicas crisis de producción y para
ayudar a los campesinos a través del préstamo. En Extremadura, estos pósitos
eran muy frecuentes en las distintas localidades y cumplían – o mejor dicho-
deberían cumplir varias funciones, como muy bien ha señalado Fermín Rey
Velasco:[30]
“abarataban los precios cuando eran muy
altos mediante la salida a la calle de grano [...], dando pan a los habitantes cuando la
carestía era exagerada; préstamo de granos para la siembra a los
campesinos”.
* Propios: esta villa tenía por sus Propios las casas del Ayuntamiento, cárcel y carnicería, que nada le rendían y dos dehesas:
- Una boyal, denominada de "Abajo", de pasto y labor, que tenía una
extensión de 2.250 fanegas, de las que se labraban 450 a mitad de siglo y 700 fanegas a finales
del XVIII. Toda la tierra de la dehesa, tanto de pasto como de labor se
regulaban de primera, segunda y tercera calidad. Su rendimiento anual, a
mediados de siglo, en el año que no se sembraban las tierras de barbecho
ascendía a 6.600 reales y el año que se sembraban a 4.900 reales, que regulados
proporcionalmente, resultaba la utilidad anual de 5.750 reales que pagaban por
el aprovechamiento de estas yerbas sus arrendatarios que eran el Marqués de
Iturbieza, vecino de Madrid y Vicente Cortés, vecino de
Guareña.
La parte de dehesa destinada a labor se sembraba por el sistema de año y vez, produciendo regularmente al pueblo en estos dos años 6.776 reales, lo que resulta una media de 3.388 reales que pagaban los vecinos del pueblo a quienes privativamente se arrendaba. También se vendían los rastrojos que solían ascender a 2.700 reales por año.
- Otra dehesa boyal llamada "El
Chaparral", de sólo pasto, con 2.400 encinas que, según informan, nada
producía ni rentaba al pueblo. Esta dehesa tenía una extensión de 5.500 fanegas
de tierra de tercera calidad y sus yerbas se vendían, sin interrupción, a D.
Pedro Campos, vecino de Guareña, por 1.700 reales, mientras que el agostadero
era aprovechado por el ganado de labor de los vecinos de forma
gratuita.
- Tenía además, 105 fanegas de tierras de ejidos que se arrendaban a la
labor de los vecinos, de las que 52,5 fanegas eran de segunda calidad y el resto
de tercera. El valor de sus arriendos, en año de barbecho y siembra, 426 reales
por año. Estos rastrojos conservaban la aplicación del servicio Real Ordinario y
Extraordinario que se pagaba anualmente de sus
rendimientos.
- En los montes denominados del "Cuadrado" que se componían de
diferentes dehesas, algunas de las cuales se encuentran en el término de
Guareña, y cuyo aprovechamiento era Común para todo el Condado, había un “pedazo” de encinas cuyo producto se
vendía en 3.000 reales y de las que percibía la villa una sexta parte, es decir,
500 reales por la venta del fruto de la bellota, puesto que el suelo era
propiedad de diferentes particulares.
- El arriendo de los abastos existentes en la localidad le reportaban a las arcas municipales una cantidad que rondaba los 5.000 reales anuales y se solían aplicar al pago de Millones y Sisas.
- El Común no pagaba salario alguno a Justicias ni a otros cargos, puesto
que estos gastos los sufragaba la villa con 500 ducados que percibía por razón
de alimentos cada año del Administrador de la Santa Escuela del Cristo de
Villanueva de la Serena que tenía los Propios en “administración prendaria” por una
cantidad de réditos anuales impagados.
Los gastos de estos 500 ducados eran, entre otros, para pagar lo siguiente: escribano, 500; ministros ordinarios (880); perceptor de gramática (400); maestro de niños (200); médico (1.200); estafetero (200); peón (144); cera (320); arreglo de veredas…(300), etc…
En este sentido, los Propios de esta villa tenían contra sí un censo de 12.000 ducados de principal perteneciente a la Santa Escuela del Cristo de Villanueva de la Serena. Este principal se pagaba a réditos anuales, a razón de 3.960 reales por año. Parece ser que los atrasos en dicho pago eran frecuentes y por tal motivo se encontraba en litigio.
Pensamos que este dinero podría haber sido el empleado por la villa para comprar su jurisdicción en el año 1634, reinando Felipe IV, quien autorizó la venta de la jurisdicción de lugares de señorío con el objetivo de sanear las deficitarias arcas reales.
Finalmente, se informa en el Catastro que este pueblo estaba moderadamente cargado del Servicio Ordinario y Extraordinario y por eso sólo tributaba con 2.726 reales al año, que se pagaban del valor de la espiga y rastrojera comunes, sin que a los vecinos le supusiera gasto alguno.
5.3.
ACTIVIDADES LIBERALES Y DE SERVICIOS.
Ya hicimos referencia anteriormente a aquéllas profesiones liberales que se ejercían en esta localidad: un médico, dos boticarios, dos escribanos del ayuntamiento, un abogado, un maestro, etc.
Queremos hacer mención aquí de la creciente preocupación manifestada por
la Real Audiencia de Extremadura tras su creación, en lo referente a la
enseñanza. En el Catastro no se hace mención alguna en materia de instrucción,
interesándose solamente por el salario del maestro; sin embargo, en el
Interrogatorio son varias las preguntas referidas a temas de educación. Así se
manifestaba la Real Audiencia en torno a este punto: "...es doloroso hablar de la educación de la
juventud de Extremadura, y haber de decir que generalmente está abandonada y que
la mayor parte de los naturales de esta Provincia mueren como nacen, sin
adquirir casi otras ideas que las que les hacen formar los objetos
materiales..."[31]
Guareña, al igual que la mayoría de los pueblos de Extremadura en esta época, está totalmente abandonada en materia de enseñanza: no posee biblioteca pública, ni seminarios y sólo había una escuela de niños, con una dotación de 200 reales que se pagaban de propios, y un estudio de gramática, sin dotación alguna en 1791. No había escuelas de niñas y era patente la necesidad de crearla según manifestaban las autoridades locales.
En el sector servicios destacamos la existencia de una taberna de vino y aguardiente, un abasto de aceite, otro de jabón y una carnicería que se solían arrendar anualmente en distintos precios y cuyo rendimiento se dedicaba a la satisfacción del Servicio de Millones y Sisas.
También existían cuatro mesones dedicados a la atención de los pocos viajeros que pasaban por el pueblo, pues no olvidemos que no se celebraban ferias ni mercados que pudieran ser centro de atención de personas de otros lugares. La no existencia de ferias se puede explicar por la proximidad de Medellín en donde se celebraban, con cierta regularidad, ferias donde los vecinos del Condado solían intercambiar y adquirir productos.
También es de destacar la presencia en el pueblo de una banda de 16 voluntarios de Aragón que permanecían en el lugar para combatir malhechores y contrabandistas de la zona, lo que nos indica la existencia de un elevado número de estos, producto en muchas ocasiones de la crisis económica y del desigual reparto de la riqueza existente.
Un apartado importante en la vida económica de la población lo constituían las actividades artesanales que, aunque menos representadas en el conjunto de la población que las del sector primario, suponían para muchos vecinos su único medio de vida. Este artesanado no formaba gremio ni sociedad económica alguna, tratándose de trabajadores a título individual.
La distribución profesional de estas actividades artesanales era como sigue a mediados de siglo: 4 albañiles, 8 zapateros, 2 herradores, 1 armero, 7 cardadores, 2 herreros, 4 carpinteros, 8 sastres y 2 albarderos.
Cuadro
4
|
Profesiones |
Maestro |
Oficial |
Profesiones |
Maestro |
Oficicial |
|
Albañil |
5 |
- |
Cardador |
3,5 |
- |
|
Zapatero |
5 |
2,5 |
Carpintero |
6 |
4 |
|
Herrador |
5 |
- |
Sastre |
5 |
3 |
|
Armero |
6 |
- |
Herrero |
4,5 |
- |
Fuente:
Respuestas Generales del Catastro, nº 33
En cuanto a las actividades de transformación, hay que decir que no
existían fábricas de especie alguna y, por lo visto en las fuentes, no había
necesidad ni proporciones para crearlas. Tampoco había molinos de aceite en la
villa, dada la escasez de olivos en el término.
Otro tipo de establecimientos son los molinos harineros. De estos había
tres de cierta consideración que molían aprovechando el agua de la ribera del
Guadiana, con una o dos muelas de piedra. También había otros molinos de menor
importancia en el arroyo llamado de "La
cuesta", cercano a la población, que no molían todo el año sino que lo
hacían cuando, por exceso de agua, no podían moler los de la ribera del
Guadiana.
Existían tres tahonas, una en la calle de “Los Malfeitos”, otra en la calle “Pajares” y la tercera en la calle del
“Cementerio”.
En cuanto a la producción de cera y miel, hay que notar la escasa producción de este sector. La escasez de colmenas pudiera ser debida a la poca abundancia de montes y a la acción de rozarlos que se practicaba, con lo que no había un medio favorable para el desarrollo de esta actividad.
Como conclusión, podemos decir que tanto las actividades artesanales como las liberales y de servicios, estaban escasamente representadas, existiendo solamente aquellas que eran imprescindibles para el buen funcionamiento de la vida municipal, aunque era de desear un mayor número de instalaciones dedicadas a las manufacturas, puesto que el término gozaba de una gran cantidad de materias primas que podían haber sido mejor aprovechadas.
5.4.
AGRICULTURA.
El desigual reparto de la propiedad de la tierra es una característica de
la economía extremeña que en Guareña se pone claramente de manifiesto dada la
presencia de la gran propiedad de la nobleza absentista y el escaso número de
vecinos con tierras propias suficientes que les permitan vivir con
dignidad.
Así, una gran parte del extenso término municipal va a ser propiedad de la nobleza foránea, teniendo esto como consecuencia una serie de desventajas para el campesinado local. Por un lado, va a disponer de menos tierras para cultivar, con lo que se tiene que conformar con pequeñas suertes, cercados o huertas que escasamente les daban para vivir, puesto que la mayor parte del término va a estar destinada a dehesas de sólo pasto; y por otro, que los arrendamientos de dichas dehesas va a estar monopolizado por los ganaderos trashumantes que pueden pujar fuerte por el aprovechamiento de los pastos, cosa que el ganadero local no puede hacer dada su precaria situación económica.
Estos vecinos, ante la imposibilidad de competir con los trashumantes en la puja por los arrendamientos de las dehesas, se tenían que limitar al aprovechamiento de sus posesiones y de las dehesas de Propios y del Común.
La distribución de tierras distaba mucho de ser igualitaria. De las 60.000 fanegas que se estimaba tenía el término de Guareña, 29.816 pertenecían a forasteros; 13.050 al Común; 7.855 de Propios y solamente 9.279 fanegas repartidas entre los vecinos en suertes de mayor o menor tamaño. Hay que hacer constar que, dentro de los propietarios locales existían grandes diferencias entre el que sólo disponía de medio celemín de tierras a aquellos otros que acumulaban buenas fortunas en numerosas suertes de pequeño tamaño pero que con frecuencia resultaban ser las de mayor rendimiento.
Es por tanto, la excesiva concentración de la propiedad de la tierra una característica de la agricultura local que se corresponde con lo que acontecía en otras zonas de la Extremadura del Antiguo Régimen.
Gráfico 2
Distribución de la tierra en el término de Guareña en
1751
Este gráfico nos indica la existencia en la localidad de un elevado número de población jornalera que no dispone de tierras para subsistir y que tiene que recurrir al jornal como único medio de vida. Estos jornaleros o braceros sufrían en sus propias carnes los períodos de falta de trabajo que se producían a lo largo del año, provocando un paro estacional que coincidía, normalmente, con el período invernal.
Según el Catastro de
Ensenada, los jornaleros ganaban al día 5 reales por término medio. A los
labradores que labran sus propias tierras, así como a los hijos mayores de 18
años, se le calculaban, también, 5 reales diarios, lo mismo que a los
hortelanos.
Ya hicimos referencia en el apartado de recursos municipales a la
presencia de dos dehesas de Propios que suponían el principal recurso económico
del Ayuntamiento, fruto de sus arriendos. Estas tierras concejiles fueron para
una gran parte de la población las únicas tierras a las que tuvieron acceso en
años posteriores, cuando se produzcan las primeras medidas de liberalización
agraria con motivo de la Reforma Agraria Liberal.
También es de destacar la gran cantidad de tierras que disfrutaba el Común, 13.050 fanegas, que eran aprovechadas por los vecinos de Guareña y por los de los otros pueblos del Condado de Medellín y que estaban ubicadas en este término. Estas tierras estaban repartidas en ocho dehesas, que no se vendían ni se arrendaban.
Cuadro 5
|
Denominación |
Dedicación |
Extensión
(fanegas) |
ClaselC |
Cañadilla |
Pasto |
400 |
3ª |
|
Ventilla |
Pasto |
2.000 |
3ª |
|
Cañada |
Pasto |
1.000 |
3ª |
|
Álamo |
Pasto |
1.500 |
3ª |
|
Valdearenales |
Pasto |
6.000 |
3ª |
|
Carneriles |
Pasto |
500 |
3ª |
|
Baldihuelo |
Pasto |
150 |
3ª |
|
Carrascal |
Pasto |
1.500 |
3ª |
Fuente: Catastro de Ensenada
En el Interrogatorio llevado a cabo en Miajadas, villa perteneciente también al
Condado de Medellín, las autoridades locales pensaban referente al tema de los
terrenos comunes que sería más positivo su reparto entre los distintos pueblos:
“... en el Condado hay una gran
proporción de baldíos comuneros para los diez pueblos, de el que serían de
conozidas utilidades y ventajas si se repartiesen con arreglo a la situazión y
nezesidad de cada pueblo”.[32]
Por su parte, las tierras propias labradas por agricultores de Guareña se caracterizan por ser “suertes” de pequeño-mediano tamaño, repartidas por diversos parajes del término. El número de fanegas de tierra en propiedad solía ser bastante reducido, excepto las que disfrutaban algunos nobles locales:
Cuadro
6
PROPIETARIO |
EXTENSIÓN
en fanegas |
|
D. Alonso Malfeito de
Abalos |
140 |
|
D. Alonso Malfeito
Arias Cortés |
73 |
|
D. Pedro Campos de
Orellana |
215 |
|
D. Alonso Carrasco
Montero |
28 |
|
D.
Vicente Cortés Montero |
283 |
En cuanto a las propiedades de los forasteros, sean estos grandes o pequeños propietarios, ascendían a un total de 29.816 fanegas, aproximadamente, de las que la gran mayoría correspondían a dehesas de nobles que residían en Madrid. Todas estas dehesas, excepto una minoría que posteriormente comentaremos, estaban dadas en arrendamiento a ganaderos trashumantes. Los principales propietarios forasteros, en 1751, eran los siguientes:
Cuadro
7
|
PROPIETARIO |
VECINDAD |
Nº
DEHESAS |
EXTENSIÓN
(en fanegas) |
|
Baltasar de Vargas |
Madrid |
4 |
10.998 |
|
Juan Nieto |
Almendralejo |
1 |
4.740 |
|
Juan Perero |
Alcántara |
1 |
2.896 |
|
Diego de las Infantas |
Cáceres |
2 |
1.550 |
|
PROPIETARIO |
VECINDAD |
Nº
DEHESAS |
EXTENSIÓN
(en fanegas) |
|
Duquesa del Arco |
Madrid |
2 |
1.450 |
|
Conde de Albarreal |
Valladolid |
2 |
1.168 |
|
Marqués de Espinardo |
Burgos |
1 |
900 |
|
Gonzalo Murillo |
Cáceres |
1 |
750 |
|
Conde de Oropesa |
Madrid |
1 |
700 |
|
Marqués de Mondéjar |
Madrid |
3 |
675
|
|
Conde de Peralada |
Madrid |
1 |
350 |
|
Marqués de Sevilla |
Madrid |
1 |
250 |
|
Mª
Castelmoncayo |
Madrid |
1 |
150
|
|
Francisco Carrasco |
Don
Benito |
1 |
250 |
|
Pedro de Torres |
Medellín |
1 |
200 |
|
Pedro Rodrigo |
Badajoz |
1 |
350 |
|
Iñigo de Guevara |
Don
Benito |
1 |
250 |
|
Lorenzo de Quintana |
F. del Maestre |
1 |
500 |
|
Conde de la Roca |
Mérida |
Parcelario |
118 |
|
Conde de Salvatierra |
Madrid |
Parcelario |
306 |
|
Alonso Ortiz |
A. San Serván |
1 |
200 |
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del
Catastro.
En 1791 existían en el término de Guareña un total de 26 dehesas de particulares, todos ellos foráneos, que totalizaban un total de 34.000 fanegas de tierra dedicadas a sólo pasto, con notable perjuicio para el vecindario, puesto que años atrás una de esas dehesas, de 400 fanegas de cabida se reservaba para la labor, cosa que a finales del siglo no era así. Algunos de estos propietarios eran los siguientes: Gonzalo Ulloa, Conde de Albarreal, Marqués de Mondéjar, Conde de Torre el Fresno, Duque de Uceda, Convento de Dominicas de Mérida, Condesa de Torrejón, Monjas de San Quirce de Valladolid, Vicente Perero, Duque de Alba, Alonso Ortiz, Monasterio de Guadalupe, Conde de los Corbos, Marqués de Monsalud, Iñigo de Guevara, Conde de las Atalayas, etc.
Todo el término era de secano, consistente en dehesas y tierras de labor, con algunas viñas de escasa producción y cinco huertas que se regaban con norias y disponían de algunos árboles que se destinaban para el consumo de sus dueños. Las especies más frecuentes eran las coles, lechugas, berenjenas, tomates y pimientos.
Los instrumentos y aperos de labranza que se utilizaban para el cultivo de estas tierras eran el arado ordinario de bueyes, mulas y jumentos, así como azadas, sachos y rastrillos. No se aprecia, pues, ningún adelanto técnico en todo el siglo XVIII, y es una característica más que coincide con la Extremadura de la época por sus técnicas y aperos rudimentarios.
El arbolado escaseaba en el término y solamente eran visibles algunos árboles frutales como granados, higueras o membrillos, así como algunas plantaciones de olivos. A lo largo del siglo XVIII se aprecia un ligero aumento en la extensión dedicada al olivar, aunque todavía no podamos hablar de una producción de aceite considerable, prueba de ello es la ausencia de molinos de aceite.
Las tierras de sembradura de secano, tanto las que estaban cercadas como las de primera y segunda calidad que no lo estaban, producían todos los años, y las de tercera calidad necesitaban un año de descanso.
La regulación de la siembra se hacía de la siguiente manera: para una fanega de tierra se utilizaban una fanega y una cuartilla de trigo; una fanega y quince celemines de cebada; tres celemines de garbanzos y tres cuartillas de centeno, así como trescientas matas de melones.
No había terrenos incultos que fueran aptos para la agricultura, ya que la falta de tierras de labor hacía que aquellas zonas que eran útiles para el cultivo fueran desmontadas y preparadas al efecto. Por otra parte, los montes propiedad del Común, no eran repartidos entre los vecinos para rozarlos y aprovecharlos para el cultivo, sino que eran aprovechados únicamente con el ganado. Asimismo, no gozaba la villa de leña de la dehesa boyal ni de otros montes del término por estar enteramente prohibida la corte de verde y seco, excepto cuando en alguna ocasión se autorizaba, como ya apuntamos en otro capítulo.
Referente al tema de la leña, los vecinos de Valdetorres, otro pueblo del
Condado, se quejaban ante el instructor del Interrogatorio de la Real Audiencia
de la siguiente manera: "... que en la
dehesa boyal propia de esta Villa hay algunos árboles de encina y no están bien
cuidados, aunque por parte de esta Villa y su justicia se procura la
conserbazión, porque los vezinos de la Villa de Guareña que dista una legua,
bienen de noche y cortan leña sin regla, cortando por el pie loque se oliba o
aposta y haziendo otros daños...".[33]
Las principales cosechas que se producían en el término eran de trigo, cebada, avena, garbanzos, habas, uvas y una corta cantidad de aceitunas. De todas ellas, las que se acostumbraba a vender era el trigo y los garbanzos, cuyo precio calculado por un quinquenio, había ido aumentando considerablemente, pues a mediados de siglo se vendía una fanega de trigo a 15 reales y la de garbanzos a 30 reales. Estas mismas especies, a finales de siglo, coincidiendo con las crisis de producción de 1789, habían duplicado su precio de venta.
En el cuadro siguiente podemos apreciar la producción de las principales cosechas que se obtenían en el término, destacando con gran diferencia el trigo sobre las demás especies. No olvidemos que a este cereal se destinaban las mejores tierras de labor, mientras que al centeno se reservaban las de peor calidad. Le seguía en importancia la cebada, mientras que la avena y las habas habían experimentado un aumento similar durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Cuadro 8
(en fanegas)
AÑOS |
TRIGO |
CEBADA |
AVENA |
HABAS |
|
1786 |
13.347 |
1.470 |
590 |
2.040 |
|
1787 |
16.915 |
2.647 |
1.400 |
1.225 |
|
1788 |
26.082 |
4.903 |
2.145 |
2.090 |
|
1789 |
17.740 |
3.542 |
1.210 |
1.180 |
|
1790 |
36.125 |
8.400 |
3.450 |
4.227 |
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del
Interrogatorio.
La agricultura se caracteriza por dedicarse plenamente al cultivo del cereal, siendo el trigo el bien básico y esencial para la alimentación de la población y casi único medio para combatir el hambre, pues el recurso a la carne o al pescado era algo vedado para la gran mayoría de la población, que en ocasiones tenía que recurrir al pan de centeno o incluso de cebada.
La producción se encuentra encaminada básicamente al autoabastecimiento del propio agricultor, por lo que podemos comprender que la ausencia de cereal en años de malas cosechas produjera crisis de subsistencia que provocaban períodos de hambre, máxime cuando el comercio era muy escaso y no podía traerse cereal de otras partes del país al tratarse de una economía agraria tradicional donde los intercambios a escala nacional eran muy complicados.
Los períodos de escasez de alimentos provocados por malas cosechas tenían su origen, unas veces en la climatología adversa y otras en las plagas de langosta que se hicieron frecuentes en el último tercio del siglo, sobre todo en los años 1781, 1782, 1783 y 1796. Son numerosas las Reales Órdenes que se publicaron durante este tiempo para que se aplicara la normativa en el combate de la langosta.
Uno de esos momentos de malas cosechas se produjo en el año 1789, perjudicando notablemente a los pequeños propietarios y arrendatarios. Los jornaleros también sufrirán los efectos negativos de las crisis porque, entre otras cosas, los precios se disparaban mientras que sus salarios se mantenían en el mismo nivel e incluso hubo momentos en que descendieron. Ya vimos anteriormente cómo los precios del trigo y de los garbanzos se duplicaba, mientras que el salario de un jornalero va a estar en torno a los 5 reales durante el mismo período.
Como se desprende del análisis de los datos anteriores, la caída de la
producción en 1789 es notoria en todas las especies, aunque los efectos de la
crisis fueron rápidamente satisfechos con la excelente cosecha de 1790. Parece
que fue esta una crisis bastante generalizada en el campo extremeño[34] e incluso en otras partes
de España.
5.5. GANADERÍA.
Se puede afirmar que el término de Guareña era propicio para el desarrollo de esta actividad, aunque como sucedía en otros lugares de Extremadura, concurrirán una serie de factores que van a impedir el completo auge de dicha actividad, como serán los privilegios de la Mesta y la importancia de los ganados trashumantes, por un lado, y de los propietarios forasteros que disfrutan de sus propias dehesas, por otro.
Los ganaderos locales son muy pocos en número –52 según el Catastro de Ensenada- y la extensión de la cabaña ganadera reducida, destacando los nobles del pueblo que poseían alguna cabaña de consideración y que solían arrendar las fincas de los propietarios foráneos. El resto sólo disponían de animales para el uso agrícola o de algunos cerdos que complementaban la dieta alimenticia.
Los principales ganaderos forasteros que aprovechaban parte de sus dehesas con ganado propio, eran los siguientes: Baltasar de Vargas con 5.985 ovejas, 325 vacas y 53 yeguas; y el Marqués de Sevilla con 500 ovejas, 25 vacas y 10 yeguas, mientras que los demás propietarios arrendaban sus fincas a ganaderos trashumantes:
Cuadro
9
Arrendamientos de dehesas en el término de Guareña.
Dehesa |
Propietario |
Extensión |
Arrendatario |
Domicilio |
Precio |
|
Zarzalejo |
Baltasar
de Vargas |
150
f. |
Juan
Muñoz |
Piedrahita |
3.000
rs. |
|
Los
Corbos |
Baltasar
de Vargas |
2.700
f. |
Juan
de Sesma |
Madrid |
8.250
rs. |
|
Guadalperal |
Baltasar
de Vargas |
2.750
f. |
Juan
Muñoz |
Piedrahita |
6.000
rs. |
|
El
Borril |
Conde
de Albarreal |
300
f. |
Conde
de Gomora |
Soria |
7.000 rs.
ambas |
|
T.
de Caños |
Conde
de Albarreal |
500
f. |
Conde
de Gomora |
Soria | |
|
C.
Caballo |
Gonzalo
Murillo |
250
f. |
Juan
Muñoz |
Piedrahita |
10.500
rs. |
|
Isla
Juan P. |
Marqués
Mondéjar |
150
f. |
Marqués
de Portago |
Madrid |
1.450
rs. |
|
Azahuchal |
Marqués
Mondéjar |
375
f. |
Marqués
de Portago |
Madrid |
2.400
rs. |
|
Colmenarejo |
Marqués
Mondéjar |
150
f. |
Marqués
Portago |
Madrid |
3.000
rs. |
|
Los
Guijos |
Marqués
Espinardo |
900
f. |
Monast.
Balvanera |
Valladolid |
6.112
rs. |
|
Villamejía |
Mª
Castilmoncayo |
150
f. |
Fco.
Miguel Tena |
Valladolid |
3.460
rs. |
|
Turruñuelo |
Pedro
de Porres |
200
f. |
Pedro
Salvador |
Madrid |
3.388
rs. |
|
Turruñuelo
G. |
Pedro
Rodrigo |
350
f. |
Antonio
Jiménez |
- |
4.430
rs. |
|
Turruñuelo |
Conde
de Peralada |
350 f.
|
Lorenzo
Santiago |
Soria |
5.000
rs. |
|
Carrascosa |
Conde
de Oropesa |
700
f. |
Juana
Hernández |
- |
900
rs. |
|
Soto |
Duquesa
del Arco |
1.300
f. |
Luis
Curiel |
Madrid |
16.828
rs. |
|
Retamalejo |
Duquesa
del Arco |
150 f. |
Gabriel
de Silva |
Segovia |
2.184
rs. |
|
Guijuelo |
Diego
de las Infantas |
150
f. |
Fernando
Becerra |
Cáceres |
5.000
rs. |
|
Galeana |
Alonso
Ortiz |
200
f. |
Fco.
Miguel de Tena |
Valladolid |
860
rs. |
|
El
Toril |
Diego
de las Infantas |
1.400 f. |
Pedro
Hernández |
Navaescurial |
2.800
rs. |
Fuente: Elaboración propia a
partir del Catatro de Ensenada.

Fuente: Elaboración propia.
La mayor parte del término, pues, va a estar destinada a tierras de sólo pasto, fundamentalmente dehesas, siendo muy pocas las fanegas que podrán ser labradas por los vecinos del pueblo.
Los ganaderos locales de cierta importancia eran algunos nobles que complementaban esta actividad con la agricultura y que en algunos casos disfrutaban del arrendamiento de la nobleza foránea, que unido a su condición de miembros de la corporación local se constituían así en la clase social dirigente del pueblo: Alonso Malfeito de Abalos: 12 bueyes, 469 ovejas, 26 carneros, 74 cerdos, 3 mulas y 3 jumentas; Alonso Carrasco Gutiérrez: 6 bueyes, 284 ovejas, 16 carneros, 100 borregos, 2 cerdas, 10 cerdos y 5 caballos; Pedro Campos de Orellana: 13 bueyes, 40 vacas, 2 toros, 29 becerros, 14 yeguas, 1 caballo, 2 mulas, 3 potros, 495 ovejas, 130 borros, 160 carneros, 106 borregos, 2 jumentas, 131 borregas, 36 cabras, 46 carneros, 7 chivos, 5 chivas y 103 cerdos; Vicente Cortés Montero: 17 bueyes, 4 mulas, 2 jumentos, 572 ovejas, 22 carneros, 118 primates y 101 cerdos; Fernando Carrasco: 326 ovejas, 11 carneros, 120 borregos, 55 cerdos, 6 bueyes, 1 mula y 2 jumentos.
Los salarios del personal dedicado a la ganadería se diferenciaban según se tratase de mayorales o zagales, según podemos comprobar en el cuadro siguiente:
Cuadro
10
|
|
Lanar |
Vacuno |
Porcino |
Caprino |
Caballar |
Mayoral |
750 |
1.000 |
1.150 |
700 |
1.143 |
|
Zagal |
550 |
500 |
600 |
400 |
443 |
Fuente: Respuestas Generales del Catastro de
Ensenada.
Había un claro predominio del ganado lanar, especialmente de la raza merina, sin duda muy relacionado con el comercio existente de lana, que proporcionaba una gran rentabilidad. En segundo lugar está la cabaña porcina, aunque el número de cerdos seguramente no podría ser mayor debido a la escasez de bellota que había en el término, principal fuente de su alimentación. El ganado bovino tiene mucha importancia puesto que es el utilizado por los labradores como animal de tiro.
Cuadro
11
|
LANAR |
CAPRINO |
PORCINO |
CABALLAR |
VACUNO |
|
9.000 |
500 |
1.000 |
70 |
80 |
Fuente: Interrogatorio Real Audiencia, respuesta nº
55
En las respuestas del Interrogatorio, se entrevé la preocupación de las autoridades locales por la falta de pastos para los ganados de los vecinos, denunciando como muy negativa la afluencia de trashumantes a este término, impidiendo el desarrollo de una ganadería más próspera en el lugar.
No obstante, los ganaderos de Guareña disfrutaban de los pastos comunes
que tenían en los demás términos del Condado. En este sentido, los habitantes de
Cristina, pequeña aldea cercana a Guareña, se quejaban ante el encargado de
realizar el Interrogatorio de que la mancomunidad que existía en el disfrute de
pastos les era muy perjudicial por la gran diferencia existente en el número de
ganados de uno y otro pueblo. Por ello, solicitaban el disfrute de las tierras
que estaban en su término: “... que se ha
disminuido mucho el vecindario y por consiguiente las cosechas de todas
especies, lo que consiste en que los más se ban a casar fuera por no haver aquí
proporzión y por lo que les oprime la justicia de Medellín como pedáneo, y en la
mancomunidad que tienen los de Guareña en los valdíos que se siembran en el
término para pastar con sus ganados lebantando el fruto y aunque este pueblo
tiene la misma en Guareña, les es muy perjudizial por la desigualdad de ganados
por ser muchos los de Guareña y pocos los de este pueblo, que estarían contentos
con aprobechar sólo el término sin semejante mancomunidad”.[35]
En definitiva, una actividad ganadera que, al igual que en otros puntos de la región, se verá perjudicada por los privilegios mesteños, que a la vez perjudicaban seriamente a la agricultura, con lo que el desarrollo económico de esta zona estuvo durante largo tiempo estancado, llegando al siglo XIX con unas estructuras económicas que se verán modificadas, en parte, con la llegada de la Reforma Agraria Liberal.