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De desarrollo armónico, en el que predomina magníficos ejemplos de casonas de los siglos XVI - XVIII, con los vanos enmarcados por sólidas piezas graníticas y blasones en las fachadas. También abundan las realizaciones de gusto ecléctico de los siglos XIX y XX.
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En
Guareña
el monumento por excelencia no es otro que la Iglesia
Parroquial de Santa María, que se levanta actualmente
casi en uno de los extremos de la población, cerca de la Plaza Vieja, que es
donde comienza el pueblo. El edificio es
una fábrica grande cuyo exterior mide 89 x 45 metros, "resultando
desproporcionado para la población actual y aún en la época de su
construcción, aunque Guareña fuese polo de atracción de todas los poblados
cercanos y su Iglesia el punto de reunión de todos los habitantes de la
comarca".
fotos
El actual edificio de la iglesia de Santa María de Guareña
fue construido sobre otra iglesia que existía antiguamente en el mismo sitio.
Hay testimonios suficientemente ciertos y críticos para afirmar que la
construcción de la iglesia comenzó en los primeros meses del año 1557, en el
reinado de Felipe II, siendo obispo de la diócesis de Plasencia don Gutiérrez
Vargas de Carvajal.
“En el mes de enero o febrero de este año Sancho de
Cabrera, “maestro de cantería” estuvo viendo la obra que se había de hacer y
dio la traza y orden de la misma. Se pregonó ésta, solicitando obreros y
materiales en Valverde, Mérida, Oliva, Medellín, Don Benito, La Zarza,
Trujillo... “
Se empezó a construir bajo las órdenes del arquitecto Sancho
de Cabrera. La zanja se comienza a abrir el 10 de marzo. Pero debido a
problemas en las relaciones entre éste y los responsables de la Iglesia y el
pueblo en cuanto a su construcción, la misma es revisada por el arquitecto
Rodrigo Gil de Hontañón, que trabajaba en aquellos momentos en la construcción
de la catedral de Plasencia, a petición del Concejo de Guareña.
Una vez revisada la obra por Gil de Hontañón y a petición del
Cabildo de Guareña, este arquitecto se encargó de la continuación de la misma
en 1560. Gil de Hontañón, uno de los más ilustres arquitectos del renacimiento
español, dirigirá la obra durante más de diez años con notables modificaciones
respecto a los comienzos de la misma, proporcionando nuevas trazas para su
conclusión.
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Este arquitecto simboliza la coexistencia entre el gótico
tardío y el clasicismo y, al mismo tiempo, a causa de la
importante difusión que alcanzó su obra, la definitiva superación del
medievalismo. Su capacidad artística y técnica está avalada por obras llevadas
a término por él como las catedrales de Segovia y Salamanca en las que ayudó a
su padre, de estilo gótico, como la catedral de Plasencia, la fachada de la
Universidad de Alcalá de Henares y el palacio de Monterrey en Salamanca, de
estilo renacentista.
Este gran artista muere en 1577.
En 1580 se suspende la construcción hasta que Juan Herrera,
director desde 1567 de las obras del Monasterio de El Escorial, maestro de
obras de Felipe II, dictaminase sobre ella.
Así la obra será continuada por Pedro Gómez, cantero de Plasencia,
añadiendo a los planos algunos detalles como el antepecho que está delante del
tejado y las gárgolas para dar salida a las aguas.
La disposición de la iglesia y su monumentalidad artística se deben
a los planos de Rodrigo Gil de Hontañón,
contemplando por ello los dos estilos citados, tanto gótico como renacentista.
Se trata de una construcción con una poderosa estructura
rectangular y cabecera ochavada, de buena
mampostería granítica y sillería granítica en zonas de portada, ángulos y en
los apenas destacados contrafuertes, de notable unidad arquitectónica.
El resultado de la intervención de dos de los más destacados
arquitectos, Sancho de Cabrera y Rodrigo Gil de Hontañón, será el de un
importante ejemplo de la arquitectura religiosa extremeña del siglo XVI. En la
parte alta de los muros se abren amplias ventanas en medio punto con parteluz
crucífero de balaustres.
La torre de la iglesia se terminó en el año 1700. La portada de la entrada
principal, donde se aprecian todos los elementos del estilo renacentista, con
una magnífica imagen de piedra blanca de la Asunción, en su cuerpo superior,
fue terminada ya a finales del siglo XVIII, en el año 1793. Posteriormente
sucedieron varios accidentes que retrasaron aun más la terminación de la
iglesia.
El 28 de abril de 1900 se hundió el tramo cuarto de la bóveda, es decir la
inmediata al coro. Su desprendimiento arrastró parte del tejado que descansaba
sobre ella, rompiendo en el derrumbamiento la balaustrada del coro y todo el
maderamen de éste y unas 2000 losas del mármol del pavimento. No quedó
absolutamente nada de la bóveda. Inmediatamente se constituyó una Junta de
carácter popular llamada “La Reparación del Templo de Santa María”, bajo la
presidencia del entonces alcalde Don Juan Lucas Retamar. El primer acto de
dicha junta fue abrir una suscripción que reunió la cantidad de cuarenta y
tres mil pesetas.
En esta Junta se eligió que se hiciera cargo de la
continuación de las obras los arquitectos Ricardo G. Guereta, que participó en
la construcción de la catedral de la Almudena de Madrid, y Eugenio F.
Quintanilla.
Se reconstruyó la bóveda derruida igual a la anterior pero
con materiales menos pesados. Todas las obras se terminaron en el año 1917,
dirigidas por estos dos arquitectos. Fueron, pues, siglos los que tardó la
iglesia en presentar el aspecto actual.
La
apertura se realizó solemnemente el 9 de Junio de 1917, consagrándose el
templo por el obispo de Plasencia, Don Ángel Regueras López.
Posteriormente, debido a los sucesos de la guerra civil de
1936, son destruidos todos los altares y retablos de la iglesia, siendo
reparados entre 1943 y 1949, con la generosidad de todo el pueblo. Las
esculturas fueron destruidas también y se sustituyeron por unas magníficas
pinturas iguales a las imágenes anteriores realizadas por el pintor local don
Julián Palencia.
En cuanto al interior del edificio se puede acceder a través
de tres portadas, todas ellas con arcos de medio punto. Destaca la
correspondiente al lado de la Epístola, la más rica y compleja, cuya
construcción se remonta al siglo XVII, mostrando los avances de la
arquitectura desde el Renacimiento hacia el Barroco, con hueco en medio punto
y pares de columnas compuestas sobre alto basamento. El arco de la misma lleva
adornado su intradós con finos casetones y su rosca con lengüetas, dentículos
y contrarios, y en la cave, la jarra de azucenas mariana.
De los pares de columnas, las
exteriores son de fuste liso y estriadas en sus tercios superiores, sobre las
otras corre un entablamento desornamentado
con volada cornisa en la que apoya el cuerpo alto. Consta de un templete,
flanqueado por bultos de medio cuerpo de S. Pedro y S. Pablo, y los arranques
de un frontón partido con dos figuras femeninas recostadas en ellas. El
templete es también de columnas pareadas y frontón recto, rematado por una
pirámide en el centro y por dos figuras femeninas en los laterales que,
haciendo juego con las anteriormente mencionadas, componen el grupo de las
Cuatro Virtudes.
La portada de los pies es la más primitiva inmersa en la
estética renacentista, con hueco en medio punto entre columnas de fuste liso y
capitel corintio elevadas sobre podio y entablamento desornamentado. Su remate
superior queda constituido por un frontón recto en cuyo tímpano luce el escudo
del obispo Vargas Carvajal.
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El interior es un templo longitudinal organizado a partir de
una nave única, capillas entre contrafuertes y cabecera
semicircular, modelo muy poco ensayado en nuestra región que aquí crea un
verdadero paradigma. Destaca por su diafanidad espacial, esbeltez, por las
brillantes soluciones de sus soportes y cubiertas, así como por las
interesantes cubiertas de la cabecera y de la sacristía, las cuales se han
relacionado con algún maestro de procedencia andaluza.
La portada del Evangelio, también de medio punto con jambas y
rosca moldurados con cajeados y placados. La parte superior se cierra con una
cornisa, sobre la que se eleva un templete entre aletones y juegos de prisma,
bola y pirámide; en el templete, coronado con frontón recto, se abre un nicho
que carece de imagen.
Presenta una original cabecera semicircular cubierta por un
cuarto de esfera encasetonado. El resto se cubre mediante bellas bóvedas de
gran belleza y complejidad de crucería, con abundantes y finos nervios que
dibujan rombos y flores de pétalos coloniales en torno a la clave polar, las
claves se adornan con motivos florales y geométricos, además de lirios y
azucenas, todo ello descansa sobre semicolumnas y ménsulas con motivos
decorativos de raigambre manierista.
La cubierta del presbiterio es un impresionante cuarto de
esfera, cuya superficie se anima con nervaduras radiales y otras concéntricas,
creando un atractivo entramado de casetones cubiertos con placados geométricos
de estuco.
Soportando las cubiertas están unas semicolumnas adosadas,
impresionantes por su grosor, son de fuste estriado, con basas y capiteles
clásicos (jónicos), que reciben los arcos fajones y junto a las que se
incrustan las ménsulas en que descargan los nervios de la bóveda, compuestas
de todos los motivos decorativos de manierismo.
El retablo mayor es de grandes dimensiones y arquitectura clasicista, con tres
cuerpos distribuidos en cinco calles y con representaciones escultóricas de la
Natividad, Evangelistas; Epifanía, Apóstoles, Padres de la Iglesia, etc. Entre
otras piezas artísticas hay que destacar también un interesante Crucificado
del siglo XVII, de cuidada labra, que se conserva en la sacristía aunque
retocado donde también se custodia una cajonería barroca del siglo XVIII.
Hay que destacar también las extraordinarias puertas de madera que cierras los
accesos a la iglesia, supuestamente coetáneas a la obra arquitectónica.
Conservan, a pesar del paso del tiempo, la mayor parte de los herrajes
originales con las clavazones lobuladas o estrelladas de tradición gótica. En
su interior están labradas con estrellas y lazo de tradición morisca.
La colección de orfebrería también ofrece cierto interés, con
abundancia de bandejas, coronas, juego de candelabros de procedencia
cordobesa, cruces parroquiales grandes del siglo XVIII.
El 1 de Julio de 1988 la Iglesia de Santa María fue declarada
“Bien de Interés Histórico y Cultural con categoría de monumento” por la Junta
de Extremadura reflejándose en el Boletín Oficial del Estado dicha resolución
por la Consejería de Educación y Cultura.
Así recibía nuestra parroquia el justo reconocimiento de la
que era merecedora.
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Propiedad de la Iglesia.
Es un edificio de recoleto atrio porticado, obra del siglo XVIII. Al igual que
el Ayuntamiento, se abre a una plaza, presentando al frente atrio de triple
arcada sostenido por columnas de capiteles visigóticos y granito enmarcadas en
alfiz y una espadaña flanqueada por cornisamento con volutas barroca.
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Cristo de las Aguas |
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La imagen actual es la restauración de la misma que existía antes de la guerra civil. La tradición cuenta que la imagen original fue adquirida por el pueblo y a su cargo y cuidado estuvieron los Marqueses de Sacra y la familia de D. Manuel Dorado.
La vocación hacia este Cristo, surge cuando en época de sequía se le invocaba y aparecía la lluvia.
Breve Historia de la imagen del Cristo de las Aguas
La
imagen
actual del Cristo de las Aguas es la restauración de la misma que existía
antes de la Guerra Civil.
La tradición cuenta que la imagen original fue adquirida por el pueblo y a su cargo y cuidado estuvieron los Marqueses de la Sacra y la familia de Don Manuel Dorado.
La vocación hacia este Cristo surge cuando en época de sequía se le invocaba y aparecía la lluvia.
Hubo una época en la que la Iglesia de Santa María estuvo cerrada y no se celebraban oficios en ella ya que la bóveda de la nave principal se derrumbó. Fue entonces cuando el Cristo de las Aguas estuvo recogido en el domicilio particular de D. Manuel Dorado y todos los devotos le veneraban desde la ventana enrejada que daba a la calle.
Una vez reconstruida la bóveda de la Iglesia, fue nuevamente trasladada la imagen a la misma.
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Palacio Municipal |
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Propiedad Municipal.
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Situada en la Plaza Vieja del Municipio, con preciosa portada
granítico a la que sirve de timbre un gran blasón episcopal.
Actualmente es de
Propiedad Particular, conservándose solamente la portada de todo el edificio.
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Restos Romanos |
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Están distribuidos por todo el término municipal, aunque los restos más numerosos se encuentran en el paraje conocido como "Dehesa pozo la cañada", pertenecientes a una Villa romana, que debido al paso del tiempo, desconocimiento y demás, ha sido continuamente expoliada.
Los lugares donde se encuentran son de propiedad privada.
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También hay que desatar lo que se califica como PATRIMONI0 MUNICIPAL de Guareña, que lo constituyen aproximadamente, una veintena de edificios que por conservar rasgos típicos de su construcción y arquitectura popular como: casas señoriales, solariegas, de labradores... y demás edificios
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Realizadas a Luis Chamizo y Juan Durán, consistente en dos pequeños bustos de bronce sobre pedestal de granito, ubicado el primero en Calle D. Diego López y el segundo en Plaza San Gregorio.
| Pantano San Roque | |
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Propiedad municipal.
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Se trata de un paraje turístico enclavado a 1 Km. de la población,
en dirección a Manchita. Es un pequeño embalse de agua y abundante arboleda. En
el mismo paraje está ubicada la ERMITA DE SAN ISIDRO, cedida a la Hermandad de
San Isidro Labrador. Dicho paraje ha sido objeto de nuevas construcciones y
rehabilitaciones de manera que su estancia y esparcimiento en el mismo, sea lo
más óptima posible para la población.
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